Con los precios por las nubes, todavía no se acordó la provisión de gas de Bolivia.

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A valores actuales, se triplicaría la factura de importación de gas del año pasado, que ascendió a 2700 millones de dólares.

Bolivia inyectó 14 millones de metros cúbicos diarios el invierno pasado.. Imagen: NA

Por Javier Lewkowicz

Argentina y Bolivia todavía no lograron acordar precios y cantidades en el contrato de provisión de gas este año, por lo cual seguirán negociando con el objetivo de cerrar números antes de fin de mes. Una mayor cantidad de gas que Bolivia envíe al país permitiría reemplazar importaciones de GNL y combustibles líquidos para abastecer la demanda en invierno, y viceversa. Como los precios internacionales están por las nubes, la negociación con el país vecino es sensible para el Gobierno.

El contrato bilateral está vigente desde 2006 y sufrió desde ese momento cuatro adendas, en primer lugar por el escenario de declino natural de los pozos bolivianos. La última adenda rigió para el 2021 y venció a finales de ese año. Establecía una inyección de 14 millones de metros cúbicos diarios (Mm3/d) en invierno y entre 9 y 10 Mm3/d en el verano. Eso implicó una merma frente a los 20 Mm3/d del invierno 2020. Este año, Bolivia suma como elemento de fuerte presión en la negociación el hecho de que los precios internacionales están en máximos históricos.

Sin poder consensuar los valores de 2022 a lo largo de varios meses de negociación en 2021, los presidentes de ambos países se pusieron de acuerdo en mantener una provisión de 7,5 Mm3/d en enero y febrero y ahora también en marzo. “Bolivia ofrece menos y más caro y Argentina pide al menos lo mismo que el año pasado y a los mismos precios. Se sigue negociando”, indican en despachos oficiales. El precio actual de entrega del gas proveniente de Bolivia ronda los 8 dólares por millón de BTU, aunque el precio subirá para el invierno, con versiones que hablan de hasta 18 dólares, lo cual sigue siendo más barato que los precios de importación de combustibles alternativos a ese recurso, como el GNL o los líquidos, como el gasoil.

Entre las variables que inciden en el volumen de entrega desde Bolivia está la situación energética de Brasil, que tiene prioridad en la compra porque su contrato data de 1999, previo al argentino. Brasil recibió buena cantidad de lluvias el último tiempo, lo cual revitalizó sus represas, que son el núcleo de su generación eléctrica.

Gas y divisas

Con precios de los hidrocarburos que “son una locura”, según definen en el Gobierno, se acerca el invierno y comenzaron las licitaciones de buques GNL. En un contexto muy volátil y de escasez por la mayor demanda europea, ante la caída del gas ruso, IEASA compró hasta ahora apenas seis cargamentos para usar en mayo, a un precio promedio de 39 dólares por MBTU, con ofertas que llegaron hasta los 70 dólares. Para tener una idea del contexto de precios, hace un año Argentina pagaba 8,5 dólares el MBTU.

Si bien el Gobierno asegura que no faltará gas, la difícil situación de las reservas del BCRA junto a la estrechez fiscal complica el cumplimiento de esa promesa. Es que a nivel cantidades, este invierno se va a necesitar más gas que el año pasado, teniendo en cuenta que el cuello de botella en el transporte hace que la producción esté a tope, mientras que la situación con Bolivia, como se explicó más arriba, está incierta, y que además hay menos agua stockeada que el año pasado en las represas. Asimismo, la economía está creciendo frente al año pasado, lo cual implica mayor demanda del sector industrial.

Por el lado de los precios, el año pasado las importaciones de combustibles líquidos fueron de 2700 millones de dólares, con valores de 12,5 dólares el gasoil y 8,5 dólares el GNL. Esos números ahora son 29 dólares y 39 dólares, de modo que con las mismas cantidades, la factura total ascendería, a precios de hoy, a 8742 millones de dólares. En los despachos oficiales, ese mayor valor se contrasta con el incremento del ingreso de divisas por parte del campo, gracias a los mayores precios. El resultado es “apenas negativo”, dicen.

Esto también es un problema fiscal, porque para evitar que el mayor precio promedio del gas se vuelque completamente sobre las tarifas, el Estado tiene que incrementar los subsidios.