martes, octubre 20, 2020
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Coronavirus en Argentina: siete hospitales ya usan el Neo Kit rápido del Conicet para detectar casos sospechosos de Covid-19

Se basan en una tecnología japonesa con la que estudiaban patógenos en cítricos. Son más baratos que la PCR y tardan la mitad del tiempo en detectar la enfermedad.

“Primero fueron las naranjas. Luego, el dengue. Siguió el Chagas y ahora el coronavirus”. Estos mojones marcaron el camino de las últimas dos décadas en la vida deAdrián Vojnov, biólogo en sus sesentas, director del Instituto de Ciencia y Tecnología “César Milstein”, dependiente del Conicet. La técnica de la que se nutre el test molecular NEOKIT-Covid-19, que desarrolló junto a su equipo de investigadores y que inspira estas líneas “la venía usando para estudiar infecciones en los cítricos”. Esas “pecas” oscuras en las mandarinas y naranjas, aclara a la cronista. Pragmático, Vojnov aplicó esa misma herramienta para la determinación de infecciones como dengue, zika o chikunguña. Luego, para el Chagas en recién nacidos. Y ahora, para el coronavirus, a la mitad del costo y en la mitad de tiempo que una PCR común. Desde junio, su kit se está usando en hospitales porteños y de la provincia de Buenos Aires.

Hasta ahora se repartieron 1.500 determinaciones (o sea, tests) en los hospitales platenses San Juan de Dios, Rossi y el Centro de Diagnóstico de Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. También en el Hospital Fiorito de Avellaneda; el Petrona V. de Cordero de San Fernando; el Abete de Malvinas Argentinas y el Hospital Muñiz, en CABA. “La próxima tanda van a ser 150.000. Es decir, 1.500 kits, porque cada kit trae 100 determinaciones. La idea es producirlos en dos a tres semanas”, se esperanzó Vojnov.

Antes de contar cómo surgió y cómo funciona este vanguardista test nacional, un paréntesis para contar lo que ya está pasando. Es que hoy, quienes precisen un hisopado de determinación de Covid-19 y vivan, por ejemplo, en el AMBA, podrían ser de los primeros en aprovechar la rapidez de esta tecnología de testeo, que en lugar de tomar las 5 o 6 horas que lleva una PCR, requiere un máximo de dos a tres horas. Siempre partiendo de un hisopado nasofaringeo.

Así lo explicó Marina Pifano, bióloga que asesora al ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, en materia de biotecnología, y que coordina el área de Diagnóstico en la provincia: “La red pública bonaerense que hace PCR está compuesta por 25 laboratorios. Lo bueno del Neokit y del ELA-CHEMSTRIP (un test similar desarrollado por las Universidades Nacionales de San Martín y de Quilmes) es que nos permite ampliar la red de laboratorios capaces de hacer estos diagnósticos porque no precisás un termociclador, que es un equipo caro y complejo. De hecho, no bien haya mayor disponibilidad de kits se sumarán al menos 10 laboratorios para diagnóstico de coronavirus”.

Pifano aseguró que ya hace más de un mes utilizan los Neokits del Conicet, “con muy buenos resultados”. Y el sábado recibieron 5.000 determinaciones del ELA-CHEMSTRIP, que fueron repartidas en los hospitales Mariano y Luciano de la Vega, en Moreno; San juan de Dios, en La Plata; Luisa Cravenna de Gandulfo de Lomas de Zamora; Presidente Perón de Avellaneda; y Néstor Carlos Kirchner, en Escobar.

Ahora bien, ¿qué tienen de especial esas pruebas? ¿Cobrarán protagonismo en las semanas por venir de la pandemia en el país?

Economía y sencillez

Vojnov contó que ya pasó medio año desde ese día en que su colega Santiago Werbajh lo llamó por teléfono: “En los últimos años yo venía trabajando en mis temas de patógenos en plantas, cítricos particularmente. Entonces surgió la posibilidad de usar la tecnología con la que hacíamos diagnósticos (técnica surgida en Japón en el 2000), para determinar la enfermedad de Chagas en recién nacidos; como tienen los anticuerpos de la madre, en los bebés no se detecta por serología. Además, la misma técnica la empezamos a usar para determinar dengue, zika y chikunguña, y desarrollamos un kit que íbamos a validar, pero justo vino la pandemia. Yo estaba de vacaciones y me llamó Santiago”.

“Estuve mirando la secuencia… ¿me confirmás?”, le dijo Werbajh, en referencia a la genética del nuevo coronavirus. Vojnov le dio el visto bueno. Es decir: usarían la misma tecnología japonesa con la que diagnosticaban enfermedades en naranjas, en bebés portadores de Chagas y en personas picadas por mosquitos para diagnosticar, ahora, el SARS-CoV2.

El biólogo matizó su logro: “En muchos otros países también se usa esta tecnología. Pero hay más trabajos publicados que otra cosa, porque el tema tiene sus bemoles. Es una tecnología muy sensible y, como la PCR, puede producir mucha contaminación (entre las muestras de pacientes distintos), por lo que se requiere desarrollar kits robustos que se puedan usar de manera simple y segura, sin falsos positivos o negativos. Eso hicimos nosotros”.

Los detalles de cómo funciona la “amplificación isotérmica mediada por bucle” (LAMP, por sus siglas en inglés) son complejos. Abunda terminología críptica como ADN, ARN, polimerasa, enzimas, reactivos, síntesis, catalizadores, primeros… Pero, para resumir, la diferencia central del Neokit con la tradicional PCR es una cuestión de temperatura.

“Nuestro test se lleva a cabo a 65 grados, mientras que en la PCR vas aumentando la temperatura, después baja, en distintos ciclos. Básicamente, la enzima que actúa en esta nueva tecnología es capaz de actuar a una sola temperatura. No necesita dos instancias distintas”, explicó, y señaló: “Pero la efectividad es la misma y producirlo cuesta menos de la mitad”

¿Las desventajas? Vojnov se plantó en un largo “mmm”, antes de admitir aquello que lo estresa. Porque, más allá de que esta empresa sea producto de un consorcio público-privado (Conicet-Fundación Pablo Cassará), “el ‘escalado’ siempre es un tema; nunca es sencillo. O sea, en el laboratorio todo es divino, pero cuando empezás a producir en cantidad, surgen un montón de problemas. Pasa con todos los productos que uno quiera producir y sacar al mercado, desde medicamentos hasta respuesto de autos”.

Vojnov vive en Boedo y su laboratorio (sea para investigar patógenos de naranjas como rebeldes coronavirus) queda en Mataderos. ¿Qué ve en la calle? ¿Cómo lleva la pandemia?

“Y… siento lo mismo que todos: mucha angustia. No veo la hora de que esto se termine para volver a la vida normal. A mí se me suma el estrés de tratar de poner un producto en la calle. Somos cinco investigadores en esto (Carolina Cariillo, Santiago Werbajh, Luciana Larocca y Fabiana Stolowicz) y sentimos mucha responsabilidad”.

“La relevancia de estos desarrollos hacen que estemos muy expuestos. Pero queremos llegar a buen puerto”, analizó Vojnov, antes de concluir: “Científicamente no es algo que a mí produzca el mayor orgullo. No es un hallazgo científico ni un descubrimiento. Pero es útil. Y aparece en un momento de mucha necesidad”.

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